Del mismo modo que en el Valle de la Luna, el Talampaya nos despide con sus enormes figuras de piedra erosionadas por el viento y de nombres casi místicos: "El Monje", "La Catedral", "El Fraile". Sus siluetas impasibles parecen, a pesar de la erosión, inmunes al azote del tiempo.
Origen del nombre
Según Dardo de La Vega Díaz en su toponimia riojana, la voz podría descomponerse en: Tala - ampa - aya.
Tala: arbol conocido, ampa, río y aya, cosa extinguida o sea río que fue de la tala.
Aya no se refiere al árbol ni al río sino que es alusivo a un hecho o acontecimiento de gran trascendencia en el lugar o que se añoraría que pase en algún momento y que sólo quedaría en los relatos o grabados en las piedras. Se piensa que sería un lugar sagrado que luego fué abandonado por alguna circunstancia especial. En la actualidad, la persona que se encuentra frente al espectáculo que ofrece talampaya se ve intimamente movido a aceptar la presencia de algo misterioso y de especial atractivo que lo retrotrae en el tiempo.
Circuito del Cañon
En la primera parte del cañón, llamada La Puerta, están las pictografías y petroglifos más importantes: figuras antropomorfas con aparentes escafandras y antenas que sugieren la presencia de extraterrestres en la zona, espirales, seres alados de dificil clasificación, escenas de cacería y actividad agrícola, animales de la región como guanacos y llamas, la impresion de un pie con seis dedos.
En La Puerta del gran cañon se deben caminar 400 metros por un terreno arenoso. el area arqueológica a ambos lados de la puerta es muy grande y aquí se pueden ver rastros de viviendas indígenas.
Una vez en el cañon se ve la falla geológica y la cueva con el rostro de una persona gravada llamada El Portero.
Más adelante se ven formaciones producidas por los restos de una pared derrumbada llamada El Pesebre. En este sector corren varios arroyos de agua potable aunque salitrosa.
Llegando a El Balcón se puede apreciar la flora autóctona, y en este sitio hay un notable eco. Hacia la parte derecha del cañon hay un pequeño bosque de algarrobos, talas y mistoles.
En frente está La Chimenea, hecha por el agua que desagota de la cima. Ésta es zona de petroglifos y morteros.
Los Morteros es una roca con horadaciones que puede haber sido un lugar de molienda o un lugar sagrado donde se oficiaban sacrificios.
Es aqui donde está La Horca, lugar donde existió un mangrullo usado por un grupo de asaltantes que aguardaba las caravanas que venían de Jachal. Pasando La Horca, del lado derecho está el Cañon de los Farallones donde al atardecer se posan el cóndor, el águila blanca y otros rapaces menores.
Desde el río El Apolinario se puede acceder a caballo o a pié hasta los Chañares, el lugar que tiene la mayor concentración de fósiles.
Unos metros más adelante se encuentra La Catedral y El Monje, que es la roca más representativa del parque. Esta excursión dura aproximadamente 2 horas.
En el lugar donde se ensancha el estrecho desfiladero esta la roca llamada El Pizarrón, un extenso mural de 15 metros de largo sobre la margen derecha del lecho del río, en las que se encuentran las pictografías de las serpientes y los hombres lagartos que están muy bién conservadas.
A aproximadamente 30 km del acceso se ingresa al imponente cañadón, curso de un arroyo seco, llamado Los Cajones, cuyas paredes miden hasta 300m.
A 15 km del acceso se encuentra Ciudad Perdida, depresión de 2 km de diámetro en cuyo centro aflora el Mogote Negro rodeado de curiosas formaciones, laberintos y ríos internos.
El Mogote Negro es un volcán cuyo cráter puede ser visitado. En esta zona se encuntran los fósiles más expuestos.
Las especies vegetales que han sido reunidas en un pequeño jardín botánico El Bosquecillo son la otra riqueza del parque. Aquí se encuentran chañares, algarrobos, jumes, etc.
Este jardín botánico es uno de los pocos lugares de sombra en la zona. En el trayecto de la visita a Talampaya se pueden ver tropas de guanácos, liebres maras, zorros, hurones y ardillas de la sierra.
La Reserva Provincial del Talampaya