Clima
El clima es seco y las grandes variaciones térmicas estacionarias no impiden disfrutar de las distintas opciones de paseos.
El Calafate es, como la Patagonia, sinónimo de condiciones extremas, sin embargo, conviene derribar algunos mitos respecto de este tema.
La geografía indica que El Calafate se ubica en los 50° 20’ de latitud sur, coordenadas equivalentes a las de las ciudades de Frankfurt o Londres en el hemisferio norte, sitios que a nadie pensaría como inaccesibles.
Otro dato que sorprende en esta pequeña ciudad es que se registran apenas 300 milímetros anuales de precipitaciones, gran parte de ellas en forma de nieve. Esto asegura gran cantidad de días con cielo diáfano, sin nubes.
Pero además, las aguas del Lago Argentino ayudan a elevar la temperatura media, mientras las suaves laderas ubicadas al sur funcionan como una protección natural, como resultado se obtiene un clima más benigno que el de las mesetas circundantes.
De modo que, durante el invierno, los días en El Calafate transcurren con cielos claros y despejados, máximas de hasta 12°C y mínimas bajo cero, mientras que en verano la media máxima supera los 18ºC.
Flora & Fauna
En la zona de El Calafate se desarrollan diversos ambientes naturales cuyas características varían, entre otros factores, de acuerdo al nivel de precipitaciones anuales. El ambiente natural más árido de la región es la estepa, en donde la vegetación Está compuesta por arbustos pequeños y espinosos y pastos de hojas duras, que proveen cierta protección al suelo. También sirven de alimento para el guanaco y el choique, dos de las especies animales más importantes de la Patagonia.
A medida que se avanza hacia el Oeste, se ingresa en una zona de transición, en donde conviven especies tìpicas del bosque y de la estepa. Aquí prospera el calafate (berberis buxifollia):
En las laderas cordilleranas se desarrolla el bosque subantártico, en el que predominan árboles como la lenga, el ñire y el coihue. Los animales que habitan estos bosques son el gato montés, el hurón y el huemul, todos ellos difíciles de avistar. más frecuente es notar la presencia de zorros colorados, cóndores, pumas y aves granívoras.
Fauna y flora del Parque Nacional Los Glaciares
Miles de años atrás, gran parte del parque nacional estuvo cubierto por glaciares. En su avance, estos Ríos de hielo erosionaron y dieron forma al paisaje, excavando en la montaña amplios valles de laderas abruptas. Al mismo tiempo, como gigantescas topadoras, fueron fragmentando y arrastrando gran cantidad de rocas, que se acumularon en el frente y en los flancos del glaciar, formando montículos denominados morrenas. Pero un posterior cambio climático, que incluía un aumento en la temperatura, causó la reducción de la superficie ocupada por el hielo, hasta alcanzar su estado actual.
Los fondos de los valles fueron ocupados por grandes lagos de aguas lechosas (aspecto otorgado por finas partículas en suspensión) y sus laderas se cubrieron con frondosos bosques.
Los campos de hielo ocupan una superficie total aproximada de 2.600 km2 (más de un 30% de la superficie del parque se encuentra ocupada por hielo). Desde éstos descienden 47 glaciares mayores.
El más conocido de los glaciares es el Perito Moreno, que se expande sobre las aguas del Brazo Sur del Lago Argentino, con un frente de 5 km y una altura de 60 metros sobre el nivel del lago.
El glaciar Upsala, ubicado sobre el Brazo Norte del mismo lago, es el de mayor tamaño, tiene un largo de 50 km y un ancho de casi 10 km.
En el sector norte del Parque se encuentra el Fitz Roy que se destaca por su altura (3.375 metros) y por su monumental aspecto con el entorno de los cordones cordilleranos circundantes.
El más árido de los ambientes del parque es la estepa. En ella la vegetación Está compuesta por plantas adaptadas a condiciones de escasa humedad y fuertes vientos. Los arbustos pequeños y espinosos, junto con los pastos de hojas duras, proveen cierta protección al suelo evitando que este se erosione. También sirven de alimento para el guanaco y el choique.
La disminución de las precipitaciones hacia el este del área, genera un cambio en el paisaje. Se desarrolla allí una zona de transición (ecotono) en la que se encuentran especies tìpicas del bosque conviviendo con otras características de la estepa. Así, grupos de ñires y lengas se intercalan entre matorrales de calafate y notro con zonas abiertas cubiertas por pastizales en los que domina el coirón.
En las alturas, por sobre los 1100 m.s.n.m., los fuertes vientos, las bajas temperaturas y las nevadas no favorecen el crecimiento de los vegetales. Las pocas y pequeñas plantas, que cubren escasamente el suelo, se encuentran adaptadas para cumplir su ciclo de vida en el corto peRíodo en que las condiciones climáticas lo permiten.
Las laderas y zonas bajas son ocupadas por bosques, cuya composición también depende de la altura y las condiciones climáticas. Sin embargo las especies predominantes pertenecen a un mismo grupo, los Nothofagus, representados en el parque por tres tipos: la lenga, que se encuentra prácticamente en toda el área, el ñire y el coihue o guindo.
Los bosques subantárticos son frecuentados por mamíferos, difíciles de observar, como el gato montés, el hurón y el huemul. Este último durante el invierno baja de las praderas de altura en busca de refugio y alimento. Otros mamíferos son más posibles de ver en el parque, tal es el caso del zorro colorado y el puma. También es habitual el cóndor y aves granívoras como las agachonas y los yales, además de pequeños roedores.
Varias aves encuentran comida y refugio en estos bosques. Entre las que hallamos a las cotorras australes o cachañas y los pequeños rayaditos. Los carpinteros patagónicos se identifican mediante tamboreos, hechos con el pico sobre los troncos.
Los roedores son presa de sus principales predadores, las lechuzas, entre la que sobresale el ñacurutú.
El pato de los torrentes captura sus alimentos buceando en los correntosos cursos de agua, también frecuentados por las remolineras.
En las praderas, presentes en las pequeñas áreas abiertas, que cuentan con reducidos cuerpos de agua, habitan bandurrias, cauquenes, distintas especies de patos y un anfibio conocido como "ranita de cuatro ojos".
Hacia el este, las estribaciones de los Andes se desdibujan en la meseta patagónica y el bosque da paso a la estepa. Aquí habitan guanacos, zorros grises y zorrinos patagónicos. Entre las aves se destaca el ñandú petiso.
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